Dicen que todo suicida está enamorado de un puente.
También están esos o esas que se enamoran de desastres.
Desastres a los que les gusta complicarse,
romperse la cabeza pensando en el pasado,
tocarse las heridas que aún no han cicatrizado,
o levantar muros contra ellos mismos.
También los desastres pueden ser bonitos.
De un mal invierno siempre nacen llamativas flores.
Hay algo de belleza en el caos.
Hay admiración en quien se complica la vida y aun así la sigue viviendo día a día.
Qué bonito que alguien se enamore de tu cabeza, con sus cosas buenas y malas;
qué bonito que alguien te bese las cicatrices y te impida hurgar en las heridas;
qué bonito que alguien luche contigo por derribar los muros que has creado y son tan abstractos como inquebrantables.
Eso no tiene por qué hacerlo un suicida, simplemente alguien que supo ver más allá de la maraña de sentimientos esparcidos en tus suspiros que no tenían rumbo fijo.
Y se quedó.
No porque tuviese predilección por el caos.
Sino porque los desastres esconden tesoros,
y sobre todo,
porque los desastres también merecemos ser felices.
lunes, 12 de septiembre de 2016
jueves, 25 de agosto de 2016
Fortaleza sobrenatural
A la vida hay que plantarle cara; como cuando se le echa cojones al meterse al mar.
En línea recta, con la cabeza bien alta, luchando con las olas, contra viento y marea.
No importa que las heridas escuezan por la sal,
no importa que el agua esté tan fría que te den ganas de volver atrás.
Sintiéndome fuerte por enfrentarme a la naturaleza.
Ni los golpes de las olas conseguirán hacerme sombra,
-mi victoria tendrá su eco al romper de banda sonora-.
Y ganaré la batalla, no me rendiré.
Me sentiré
digno capitán
poniéndole rumbo a mi vida
en mi océano particular.
En línea recta, con la cabeza bien alta, luchando con las olas, contra viento y marea.
No importa que las heridas escuezan por la sal,
no importa que el agua esté tan fría que te den ganas de volver atrás.
Sintiéndome fuerte por enfrentarme a la naturaleza.
Ni los golpes de las olas conseguirán hacerme sombra,
-mi victoria tendrá su eco al romper de banda sonora-.
Y ganaré la batalla, no me rendiré.
Me sentiré
digno capitán
poniéndole rumbo a mi vida
en mi océano particular.
martes, 2 de agosto de 2016
Sexo
El eco de tus pupilas dilatadas en mi iris te delata y me invita a pecar.
Arrancarte la ropa como si fuera la última vez que voy a estar bajo tu piel.
Morderte el cuello y dejarte marcas, las mismas que me has dejado a mí en el corazón.
Agarrarte del pelo para que no te vayas, para que sigas, para que no pares (de hacerme feliz) y para que al acabar sigas junto a mí.
Besarte sin reparo, donde sea, dejando en cada centímetro de tu cuerpo un poco de mi ser.
Olerte para memorizarte cuando no te tengo.
Susurrarte que te quiero, gritarte que te amo.
Nunca tuve mejores vistas que las de yo en ti reflejada en tus ojos.
Nunca había llegado al cielo gracias a un cuerpo ajeno.
Y es que no puedo expresar con palabras lo que siento cuando te tengo dentro.
Hablemos de éxtasis y énfasis, todo en el mismo lugar, del mismo del que nos evadimos tan fácilmente, con esos labios jugando con mis piernas,
con tu corazón a punto de estallar...
No se me da bien con palabras, pero en un orgasmo puedo enseñarte ese lugar en el que se unen la calma y la tempestad, el trueno y el rayo, la noche y el día;
el etéreo abismo que separa lo humano y lo divino.

Arrancarte la ropa como si fuera la última vez que voy a estar bajo tu piel.
Morderte el cuello y dejarte marcas, las mismas que me has dejado a mí en el corazón.
Agarrarte del pelo para que no te vayas, para que sigas, para que no pares (de hacerme feliz) y para que al acabar sigas junto a mí.
Besarte sin reparo, donde sea, dejando en cada centímetro de tu cuerpo un poco de mi ser.
Olerte para memorizarte cuando no te tengo.
Susurrarte que te quiero, gritarte que te amo.
Nunca tuve mejores vistas que las de yo en ti reflejada en tus ojos.
Nunca había llegado al cielo gracias a un cuerpo ajeno.
Y es que no puedo expresar con palabras lo que siento cuando te tengo dentro.
Hablemos de éxtasis y énfasis, todo en el mismo lugar, del mismo del que nos evadimos tan fácilmente, con esos labios jugando con mis piernas,
con tu corazón a punto de estallar...
No se me da bien con palabras, pero en un orgasmo puedo enseñarte ese lugar en el que se unen la calma y la tempestad, el trueno y el rayo, la noche y el día;
el etéreo abismo que separa lo humano y lo divino.

domingo, 17 de julio de 2016
¿Qué es escribir?
Escribir no es coger un boli y trazar palabras sobre el papel.
Escribir es armarse de valor para agarrar ese boli y comenzar a desangrar sobre el lienzo.
Escribir es, fluir.
Escribir es soltarse de las cadenas y pedir socorro.
También es hacer arte con dolor y con alegría.
Escribir es construir utopías con toques sutiles de esperanza.
Escribir es ser.
Escribir es amar y es odiar. Es sentir con mayor ímpetu lo que no nos atrevemos a decir.
También es echar de menos y confiárselo al papel.
Escribir es saltar muros desnudos, los de nuestra mente y los de la sociedad.
Escribir es dejar que el corazón llore.
Escribir es hacer magia con las letras.
También es disparar sin balas, rebelarse en ruidoso silencio.
Escribir es soñar despierto.
Escribir es gritar.
También susurrar.
Pero ante todo, escribir es dejar pinceladas de tu esencia en cada milímetro del lienzo, prescindiendo de cualquier ciencia.
Escribir es armarse de valor para agarrar ese boli y comenzar a desangrar sobre el lienzo.
Escribir es, fluir.
Escribir es soltarse de las cadenas y pedir socorro.
También es hacer arte con dolor y con alegría.
Escribir es construir utopías con toques sutiles de esperanza.
Escribir es ser.
Escribir es amar y es odiar. Es sentir con mayor ímpetu lo que no nos atrevemos a decir.
También es echar de menos y confiárselo al papel.
Escribir es saltar muros desnudos, los de nuestra mente y los de la sociedad.
Escribir es dejar que el corazón llore.
Escribir es hacer magia con las letras.
También es disparar sin balas, rebelarse en ruidoso silencio.
Escribir es soñar despierto.
Escribir es gritar.
También susurrar.
Pero ante todo, escribir es dejar pinceladas de tu esencia en cada milímetro del lienzo, prescindiendo de cualquier ciencia.
jueves, 30 de junio de 2016
¿Valoramos bien lo que tenemos?
Hoy he contemplado los colores de los que se viste el ocaso hasta su fin y no he podido evitar extrapolarlos a la vida.
Cada día tiene su fin, al igual que muchas historias.
Aun así, algunos de esos finales brillan más y cautivan la atención de los presentes.
Muchas veces, nos damos cuenta de lo felices que fuimos en una etapa cuando está ya anocheciendo.
No supimos aprovechar los rayos de sol durante el día y los reclamamos cuando se van escondiendo detrás de una montaña.
Empezamos a valorar las cosas cuando estamos a punto de perderlas. Hasta que los tonos rojizos y amarillentos del atardecer se difuminan en la atmósfera y el frío de la noche nos eriza la piel.
Ella nos cobija con su manto de nostalgia.
Y mañana vuelta a empezar.
Quizás su atardecer no sea tan bonito.
Quizás por fin aprendamos y no tengamos que pararnos a contemplar cómo ese sol se nos escapa de las manos.
Algún día, espero, sabremos valorar los momentos cuando tengamos su calor sobre nuestra piel.
Cada día tiene su fin, al igual que muchas historias.
Aun así, algunos de esos finales brillan más y cautivan la atención de los presentes.
Muchas veces, nos damos cuenta de lo felices que fuimos en una etapa cuando está ya anocheciendo.
No supimos aprovechar los rayos de sol durante el día y los reclamamos cuando se van escondiendo detrás de una montaña.
Empezamos a valorar las cosas cuando estamos a punto de perderlas. Hasta que los tonos rojizos y amarillentos del atardecer se difuminan en la atmósfera y el frío de la noche nos eriza la piel.
Ella nos cobija con su manto de nostalgia.
Y mañana vuelta a empezar.
Quizás su atardecer no sea tan bonito.
Quizás por fin aprendamos y no tengamos que pararnos a contemplar cómo ese sol se nos escapa de las manos.
Algún día, espero, sabremos valorar los momentos cuando tengamos su calor sobre nuestra piel.
lunes, 13 de junio de 2016
Alquimistas
Que a veces se trata un poco de eso;
de encontrar a alguien dispuesto
a pasar por alto tantas impurezas,
con tal de quedarse a admirar
el diamante que escondes - y sin
de encontrar a alguien dispuesto
a pasar por alto tantas impurezas,
con tal de quedarse a admirar
el diamante que escondes - y sin
miedo a las asperezas-.
domingo, 12 de junio de 2016
La metáfora del árbol
¿Nunca os habéis parado a pensar en la vida de ese árbol que hay en frente de vuestra casa?
Un ser vivo.
El cual aguanta anclado al suelo durante toda su existencia con las mismas raíces.
Él, ha sufrido la gran ofensa de ser despojado de sus hojas al llegar el otoño, después de que se tornasen amarillentas o rojizas, y no ha tenido otro remedio que aguantar el duro invierno desnudo mientras los pequeños cristales de la nieve (que no tenía otro pretexto que arroparlo al verlo tan frágil) se clavaban en cada centímetro de vulnerabilidad que envolvía su cuerpo.
Ese árbol no es solo tronco y corteza. Debajo de su piel se esconden arduas capas que hacen que sea difícil llegar a su corazón. Se divide en ramas, que denotan los ínfimos rasgos de su personalidad.
Llega la primavera, y sorprendentemente, magia.
Nuevas hojas parecen nacer de él, y de ellas, flores con pétalos de colores vivos y olores anodinos.
Conforme avanza la estación, más hermoso se torna su nuevo vestido.
Ese árbol, que sirve a muchos de cobijo.
Y las flores, con tiempo, se convierten en frutos.
Que son fruto del invierno, las heridas de la nieve , y el recuerdo del abandono que le regalaron sus hojas en otoño.
Las abejas se acercan a su néctar, mientras él aguanta con asombrosa paciencia las tormentas y sus rayos, y sus vendavales.
Qué maravillosa la naturaleza. Máquina perfecta.
Todos los años la misma operación y sin ningún error.
Los humanos, otro gran éxito de la evolución.
Se sienten inútiles y tristes cuando las personas que los han acompañado hasta ese punto se alejan. Como si nunca llegara el otoño, como si no pudiesen aguantar un invierno tóxico, con cuerdas que ayudan más cuando se sueltan que cuando te intentan sostener.
Desnudos. Solos.
Aguantan la intemperie rendidos sin saber que cualquier día llegará la primavera.
Y se cubrirá de pétalos su pelo. Y su errores y sus heridas darán jugosos frutos.
Después de este breve repaso sobre la valentía y el coraje de los árboles no he mencionado lo más importante, lo que a simple vista no se ve.
Ellos aguantan la marcha de personas, la soledad ante el mundo y los daños colaterales de su coraza permaneciendo siempre fuertes en el mismo punto.
Nunca te olvides de tus raíces.
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