viernes, 10 de febrero de 2017

Jaula

Érase una vez un pájaro
que quería volar
-todos le instaban a superar las nubes-
mientras lo encerraban
en jaulas sin ventanas
-le ponían música a su melodía-
y con las alas que le arrancaban
creaban esta pluma
usada para reclutar más pájaros
que sirvan a sus sinfonías.

jueves, 26 de enero de 2017

Del miedo y otras mierdas

Me he pasado mucho tiempo encerrada, en el sótano de mi mente, abrigada por la oscuridad de la venda de mis ojos y ante un reflejo insuficiente.
Horas perdidas, tiempo que las vagas ilusiones y hondas frustraciones han hundido, para siempre.

He sido víctima del qué dirán, del rechazo, de la decepción, de la soledad y del miedo a no encajar.
¿Y ahora qué? Esos momento no volverán, ya no podré  hacerme reír, sonreír, ni susurrarle a los demonios que se callen, y que me dejen vivir.

Vivir. Bonita palabra, más excelsos aún los significados de los que se la puede dotar.

He conocido a alguien, a alguien interesante.
Y merece la pena, y también que alguien divida por dos sus penas.
Se ha pasado demasiado tiempo estando, en vez de siendo, sin solución a sus problemas, y lo que es peor, sin ganas de resolverlos.
Hasta que un día estalló y entró en erupción. Explotó llevándose consigo todas sus barreras mentales, y dejando sin oxígeno a todos esos monstruos que desde un lugar recóndito le decían que no podía, o que hacía el ridículo, o que no era suficiente.

Lo eres, lo eres más de lo que crees.

Y ahora que cada día soy un poco más libre que ayer, más yo que nunca, y más mi amiga que de costumbre; me imploro: cambia, pero solo para mejorar y para superar, a esa que eras hace dos meses, dos semanas, o dos segundos. Sé tú, joder, con tus idas y venidas, tus virtudes y defectos. Pero sé. Nunca estés. Y menos por complacer.
Porque un alma solo puede liberarse de sus cadenas cuando se olvida del contexto y se deja llevar por su esencia.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Estoy harta y por eso escribo esto.

Estoy harta.
De mí.
De ti
De nosotros.
Harta de la humanidad, o más bien sociedad, porque humano no puede llamarse a este trato.

Estoy harta de la falta de conciencia para con los demás, de la falta de humildad, del exceso de prepotencia y de un sistema en el que el que más tiene, es mejor.

Estoy harta de nuestra ausencia de empatía, de la facilidad con la que preferimos tabicarnos el corazón que ayudar a quien lo necesita.

Estoy harta de la discriminación y la desigualdad en general, y del machismo en particular. Estoy cansada de ver cómo a una gran parte de la sociedad prefiere ignorar el feminismo antes que proponer soluciones para que no NOS MATEN, para que podamos trabajar en las mismas condiciones,  para que no tengamos miedo cuando vamos solas por la calle de noche.

Estoy harta de la facilidad que tenemos para la retórica cuando estamos frente a frente y la puntería para las puñaladas del después.

Estoy harta de que prefiramos ir por el mundo con la venda en los ojos, aún sabiendo que podemos soltar el nudo. Total, cualquier día seremos alienados ya hasta por los árboles.

Estoy harta de vuestro allanamiento de morada cuando os creéis que conocéis a una persona, como si alguna vez hubierais estado en su cabeza o en su vida para entender por qué es como es.

Estoy harta del materialismo con el que se engalana nuestro día a día. De que una época como la Navidad se utilice más para regalar cosas que de verdad no se necesitan, antes que tiempo, amor, paciencia, cariño o presencia. De que usemos a las personas y queramos a las cosas.

Estoy harta de que valoremos algo cuando no lo tenemos, para dejarlo de lado cuando lo conseguimos y volver a reclamarlo cuando se nos escapa de las manos.

Y mucho más.
Tanto, que podría pasarme la tarde escribiendo.

Y yo me pregunto al fin y al cabo...
¿Cómo un ser tan evolucionado puede crear semejante distopía?
Recuerda que tú formas parte de ella.
Quizá la falta de evolución no sea el problema, y nos haga más daño la ausencia de revolución.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Amistad.


¿Qué es la amistad?
Todo el mundo utiliza esta palabra con frecuencia, habla de ella, la usa, la regala, la engalana y se la atribuye a sus amigos.
Amigos.
Pero lo cierto es que la mayoría de la gente no sabe lo que es.
Según la RAE, amistad: "Relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia."
Sabe de lo que habla, pero se queda un poco corta.
Bastante corta.

La amistad yo creo...es un ente sobrenatural, un vínculo especial, una relación cordial, algo difícil de encontrar.
Un amigo/a es alguien que ríe contigo, comparte tus alegrías, se alegra de tus éxitos, guarda tus secretos bajo llave y te confía los suyos (y hasta los creáis juntos). Pero también y más importante, es esa persona que está a tu lado cuando lloras, para abrazarte, escucharte, o hasta defenderte de quien te está borrando la sonrisa.
Y sobre todo, un amigo es aquel que no tiene que "aguantarte" sino que tiene que "apoyarte, ayudarte", porque te quiere. Y porque quiere lo mejor para ti.
Porque para esa persona, estar contigo nunca es perder el tiempo, sino invertirlo en felicidad.

Creo que hoy en día mucha gente llama amigx a cualquiera.
Cualquiera con quien se ríe.
Cualquiera con quien toma un café.
Cualquiera con quien va a clase y "conoce de toda la vida".
Cualquiera con quien se emborracha.

Como bien dice el dicho, mejor solo que mal acompañado.

No digo que las personas tengan que ser perfectas para subordinarse a los intereses personales de otras.
Eso es imposible.
Pero a veces puede surgir esa chispa que, al igual que en el amor, conecta y hace estallar a dos "amigos" en toneladas de felicidad.

Después de todo esto, dime,
¿qué es para ti la amistad?

Y sobre todo,
¿eres amigo?
Sí, amigo, como adjetivo y no como sustantivo.

Y por último,
nunca te olvides de ser el mejor amigo de la persona a la que ves todos los días reflejada en el espejo.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Desastres.

Dicen que todo suicida está enamorado de un puente.
También están esos o esas que se enamoran de desastres.
Desastres a los que les gusta complicarse,
romperse la cabeza pensando en el pasado,
tocarse las heridas que aún no han cicatrizado,  
  o levantar muros contra ellos mismos.
También los desastres pueden ser bonitos.
De un mal invierno siempre nacen llamativas flores.
Hay algo de belleza en el caos.
 Hay admiración en quien se complica la vida y aun así la sigue viviendo día a día.

Qué bonito que alguien se enamore  de tu cabeza, con sus cosas buenas y malas;
qué bonito que alguien te bese las cicatrices y te impida hurgar en las heridas;
qué bonito que alguien luche contigo por derribar los muros que has creado y son tan abstractos como inquebrantables.
Eso no tiene por qué hacerlo un suicida, simplemente alguien que supo ver más allá de la maraña de sentimientos esparcidos en tus suspiros que no tenían rumbo fijo.
Y se quedó.
No porque tuviese predilección por el caos.
Sino porque los desastres esconden tesoros,
y sobre todo,
porque los desastres también merecemos ser felices.

jueves, 25 de agosto de 2016

Fortaleza sobrenatural

A la vida hay que plantarle cara; como cuando se le echa cojones al meterse al mar.
En línea recta, con la cabeza bien alta, luchando con las olas, contra viento y marea.
No importa que las heridas escuezan por la sal,
no importa que el agua esté tan fría que te den ganas de volver atrás.
Sintiéndome fuerte por enfrentarme a la naturaleza.
Ni los golpes de las olas conseguirán hacerme sombra,
-mi victoria tendrá su eco al romper de banda sonora-.
Y ganaré la batalla, no me rendiré.
Me sentiré
digno capitán
poniéndole rumbo a mi vida
en mi océano particular.

martes, 2 de agosto de 2016

Sexo

El eco de tus pupilas dilatadas en mi iris te delata y me invita a pecar.
Arrancarte la ropa como si fuera la última vez que voy a estar bajo tu piel.
Morderte el cuello y dejarte marcas, las mismas que me has dejado a mí en el corazón.
Agarrarte del pelo para que no te vayas, para que sigas, para que no pares (de hacerme feliz) y para que al acabar sigas junto a mí.
Besarte sin reparo, donde sea, dejando en cada centímetro de tu cuerpo un poco de mi ser.
Olerte para memorizarte cuando no te tengo.
Susurrarte que te quiero, gritarte que te amo.

Nunca tuve mejores vistas que las de yo en ti reflejada en tus ojos.
Nunca había llegado al cielo gracias a un cuerpo ajeno.
Y es que no puedo expresar con palabras lo que siento cuando te tengo dentro.

Hablemos de éxtasis y énfasis, todo en el mismo lugar, del mismo del que nos evadimos tan fácilmente, con esos labios jugando con mis piernas,
con tu corazón a punto de estallar...
No se me da bien con palabras, pero en un orgasmo puedo enseñarte ese lugar en el que se unen la calma y la tempestad, el trueno y el rayo, la noche y el día;
el etéreo abismo que separa lo humano y lo divino.